viernes, 29 de junio de 2012

La importancia del juego en la primera infancia

INTRODUCCION


En la actualidad existe cada día mayor conciencia sobre el papel del juego
en el sano desarrollo de los niños. Tanto los padres como la comunidad
reconocen en el juego una actividad irremplazable para desarrollar la
capacidad de aprendizaje del niño, un medio de expresión y de maduración
en el plano físico, cognitivo, psicológico y social.
La reflexión actual sobre la actividad lúdica gira en torno a los juegos y
su papel en cada cultura, la creación de nuevos juguetes cada vez más
adaptados a las necesidades del niño y la recuperación de los ya existentes,
la creación de espacios dedicados al juego, así como el rol participativo que
deben asumir los padres y adultos en las actividades lúdicas.
No podemos olvidar que el proceso de desarrollo infantil y la conquista de la
autonomía se resume en una progresiva comprensión y adaptación al mundo.
Este proceso natural es a la vez difícil y complejo. Las habilidades
necesarias para “descifrar” el funcionamiento y las reglas del mundo se van
adquiriendo de manera paulatina.
A través de la imitación el niño se esfuerza por comprender al adulto
como persona y al entorno que lo rodea. A partir de la magia de los
disfraces y de los juegos de roles, el niño vive de una manera intensa y
simbólica su asimilación a la imagen de los adultos, al mismo tiempo que
descubre sus múltiples posibilidades y comienza a interactuar con la
sociedad en la cual se deberá insertar.
En síntesis, al jugar, el niño se encuentra en el momento ideal y
decisivo para establecer el puente entre sí mismo y la sociedad que lo rodea,
entre su propio mundo interno y la cultura que lo rodea.




La imaginación y el juego simbólico, son los ejes principales sobre los que se cifra gran parte del juego libre en la primera infancia. En claro que en los seres humanos la imaginación se consolida a partir de las experiencias y conocimientos que éstos han podido tener a lo largo de su vida. Es decir, que la imaginación se construye a partir de la acumulación de saberes, ideas y experiencias que surgen en cada individuo a partir del contacto e interpretación que éste hace de su realidad cotidiana.

EL JUEGO COMO APRENDIZAJE Y ENSEÑANZA:

El juego bien orientado es una fuente de grandes provechos. El niño aprende porque el juego es el aprendizaje y los mejores maestros han de ser los padres.
El tiempo para jugar es tiempo para aprender. El niño necesita horas para sus creaciones y para que su fantasía le empuje a mil experimentos positivos. Jugando, el niño siente la imperiosa necesidad de tener compañía, porque el juego lleva consigo el espíritu de la sociabilidad.
Para ser verdaderamente educativo, el juego debe ser variado y ofrecer problemas a resolver progresivamente más difíciles y más interesantes. En el juego, se debe de convertir a los niños en protagonistas de una acción heroica creada a medida de su imaginación maravillosa. Su desbordante fantasía hará que amplíe lo jugado a puntos por nosotros insospechados.
Los niños, aunque tengan compañeros de juegos reales, pueden albergar también uno o varios compañeros imaginarios. No será raro ver a los niños hablar en tonos distintos de voz y tener una larga y curiosa conversación consigo mismo, está jugando.
Para ellos no existe una frontera claramente definida entre el sueño y la realidad, entre el juego y la vida real. El procura seleccionar, comprender e interpretar aquello que más le interesa.




LA MOTIVACIÓN DENTRO DEL JUEGO:

El juego es fundamentalmente una actividad libre. Las personas cuando jugamos lo hacemos por placer; precisamente el poder responder a la necesidad de pasarla bien, sin otra motivación, supone un acto de libertad. El juego se puede considerar como la actividad fundamental de la infancia, actividad que se prolonga en la vida adulta. Estamos seguros que éste se convertirá en el gran instrumento socializador.

Entender el juego como contenido es la consecuencia lógica de considerar que éste es un elemento cultural de gran trascendencia. Es propio de todas las culturas y de todos los tiempos.







Juegos de ejercicios sensoriales y motores desde los reflejos hasta antes
de la aparición del lenguaje.


Juegos de ejercicios:
Este período se caracteriza por los desplazamientos espaciales del cuerpo y de los objetos. Por lo tanto es importante escoger objetos que permitan al niño fijar su mirada sobre los colores y formas diferentes, de ayudar al niño a comprender y manipular los juguetes, de orientar la atención auditiva y de acompañarlos en sus primeros movimientos.


Actividad bucal : en esta etapa, la boca es el principal medio por el
cual el niño explora e incorpora el mundo, por lo tanto los juguetes
adecuados son los juegos de dentición y especiales para chupar.

Tacto: el niño desarrolla la percepción de proximidad y distancia a
través de los sentidos de la vista y el oído. Es importante que los
juguetes (peluches, osos, muñecas, animales de tela, etc.) posean
texturas diferentes. Los objetos pueden ser lisos, arrugados, suaves,
que permitan sensaciones térmicas, sensaciones relativas al peso, a la
ligereza, etc.

Vista: el niño es atraído por la forma, color, tamaño y aspecto general
del conjunto de los juegos sensoriales.


Oído: el niño necesita interactuar con juguetes sonoros y musicales. De
a poco comienza a repetir palabras, sonoridades y sus primeras
expresiones, siendo esencial el apoyo de los adultos en estos juegos
para que el niño pueda acceder a la comunicación verbal.

Movimientos: el niño experimenta jugando con los miembros y partes
de su cuerpo: lanzar, golpear, sacudir, hacer ruido, reaccionar a las
estimulaciones. Además, necesita sentir el movimiento de todo su
cuerpo como un conjunto, para lo cual son necesarios los balancines y
los columpios.

Desplazamientos: Para trasladarse en el espacio, el niño necesita de
carros, triciclos, juguetes para tirar 0 empujar.

Experiencia existencial: En esta primera etapa, el niño necesita sentir
que interactúa e influye en los acontecimientos externos. Necesita jugar
a aparecer y desaparecer, jugar con carpas y casitas de juego, buzones,
recipientes para llenar y vaciar.

Experiencia con los elementos naturales: tierra, arena, agua, polvo, pasta para modelar, moldes, juguetes de baño y de playa.



Los juegos de ejercicios entre 0 y 1 año

Objetos para mirar:

El disponer de diferentes objetos para mirar es una importante fuente de estimulación para el bebé. En particular si es aún muy pequeño para tomarlos con las manos. Dar el bebé, la posibilidad de mirar muchos objetos ayuda a que se entretenga, a que reconozca los objetos y las personas
Además, así mejora su capacidad visual ejercitando y reforzando los músculos oculares.
Es importante que estos objetos sean bien diversos porque el bebé posee una capacidad de atención de corta duración.


Objetos para tocar y sostener:
Otro sentido por el cual los bebés aprenden a conocer el mundo es el tacto. Cerca de la edad de tres meses, comienzan a tomar los objetos en la mano.
Una vez que el niño es capaz de tomar los objetos es importante vigilarlo porque querrá llevar todo a la boca. Durante este periodo se puede decir que el niño “aprende a descubrir el mundo” a través de su boca. De hecho, ésta es mucho mas sensible que sus dedos y le permite saber mucho más sobre los objetos.





LOS JUEGOS Y JUGUETES COMO HERRAMIENTA EDUCATIVA.



Cada día es más común escuchar a padres e hijos, comentar sobre la adquisición de juegos y no de juguetes; aquí parece importante hacer la distinción entre juegos y juguetes, ya que los juegos son las acciones desarrolladas por los humanos para "x" motivo y los juguetes son elementos, claro está, indispensables para el desarrollo.
Las personas no adquirimos juegos, compramos o construimos juguetes que sirven para la acción de jugar.  Ej. : las cartas no son un juego si no un juguete y sirven para realizar distintos juegos, al igual que el domino o el parqués, tan conocido en nuestro medio.

Para la realización de juegos, no siempre es necesario adquirir juguetes en el mercado, pues los que fabrican los mismos usuarios, terminan siendo más apetecidos por éstos. Los juguetes tienen la característica de ser inanimados y su vitalidad la da siempre un jugador, incluso cundo hablamos de los más modernos, son juguetes que necesitan de un jugador para poder "ser", por ejemplo, la muñeca que dice papá y mamá, termina siendo una muñeca repetitiva en sus palabras y cansando a la dueña aunque ésta no lo manifieste, olvidándola y cambiándola por otra que le dirá todos lo que ella desea escuchar, en resumidas cuentas, esa muñeca no es pieza de un juego, si la flamante propietaria no oprime un botón para hacerla participe de alguna aventura infantil.

HABLEMOS DE LOS JUGUETES:

Los juguetes existen hace millones de años y son producto de las circunstancias culturales y sociales del mundo. Vamos a tratar las características de dos juguetes, uno que hace referencia a los "viejitos" y otro a los juguetes modernos. Empecemos por la reina de los juguetes: la muñeca, la que no habla y que no tiene movimiento, aquella relegada a ser comprada por los más pobres; a nuestro juicio, es un excelente juguete, precisamente por el hecho de no hablar, no tener movimiento propio, se convierte en un elemento versátil, tanto como la dueña; ésta entra profundamente en el mundo de la jovencita que asume jugar con el objeto.  Basta con observar a un grupo de niños y niñas jugando a representar una escena de la cotidianidad familiar de alguno de los protagonistas y las muñecas se convierten en enfermeras, cocineras, doctoras, amas de casa y la lista sería tan larga como la experiencia de los participantes; es decir, la versatilidad del juguete consiste en la apropiación que el dueño y en este caso la dueña pueda hacer de ella.

Estos juguetes posibilitan la creatividad infantil de manera amplia, permitiéndoles mayores condiciones para la vivencia de sus espacios afectivos, sociales y síquicos.
El juguete es un posibilitado si se quiere de los sueños de los infantes, siempre que éstos puedan convertir a sus juguetes en protagonistas de sus más profundos deseos.

Ahora nos referimos a los juguetes más modernos: pensemos en la pista de autos, en la que éstos se chocan y su dueño o dueños pueden corregir manualmente para volver a enfrentarlos a la velocidad de la pista y de la potencia de las baterías que se pueden adquirir. Ante esta propuesta lúdico - consumista, nos surgen interrogantes como:

Ÿ       Qué otro juego puede desprenderse de esta propuesta?

Ÿ        Qué creatividad permite este tipo de juguetes a los niños?

Como podemos nos encontramos ante un juguete que obligaría a los niños a ponerlo al centro de los juegos ejercitados, un juguete repetitivo, poco versátil y no posibilitado de los deseos de los niños.  La relación jugador juguete, en una relación simple donde el jugador no tiene muchas posibilidades de crear de hacer del juguete eso, su juguete.
Existen hoy un conjunto de juegos que posibilitan a los niños el encuentro con los otros y por ello facilitan la vida social de éstos, al igual que su vida afectiva y por otro lado, han surgido en el mercado un conjunto de juguetes modernos  que facilitan el juego de personas solas y que pueden en un momento determinado dificultar el acceso de los pequeños en el concierto social, contrario a juguetes y juegos que lo facilita.


Cuando vemos jugar a un niño con un trozo de madera. Lo envuelve en unos trapos, habla con él, a través de su boca expresa lo que el madero quiere, siente y piensa. Dialoga con él, le da de comer y de beber, lo acuesta en una caja de cartón que hace de “cuna”, decimos, sonriendo “el niño toma la madera por un muñeco; su fantasía transforma el trozo de madera en un muñeco con el cual jugar, y esto es propio del pensamiento de los niños”
Pero nos equivocamos. La madera no ocupa “el lugar” del muñeco, no es muñeco: es el niño del niño, y lo que el niño hace con el trozo de madera es mucho más de lo que nosotros, los adultos, entendemos por un juego. El niño al jugar con la madera lo considera un niño vivo al cual cuida. Sólo cuando comprendamos esto podremos comprender al niño “que juega”; entenderlo, penetrar en su interior cuando derrame por su trozo de madera las más amargas lágrimas o cuando reciba de él los mayores gozos y más profundas penas. Si le quitamos al niño “su niño” y lo tiramos a la basura nos quedaremos pasmados ante las reacciones del niño. ¡Hemos cometido un auténtico crimen, y nuestro niño se sentirá aterrorizado al ver de lo somos capaces y lo que puede esperar de nosotros!
Cuando nuestro hijo juega, debemos mirarlo y tratar de ponernos en su lugar, tratar de sentir; si en un momento dado me invita a su juego y siento que puedo participar de él sin imponer reglas, entonces puedo entrar. Al adulto le cuesta entrar de lleno al mundo de la fantasía, y participar del juego nos asusta y entonces ponemos límites.
Un buen ambiente tolera los impulsos agresivos. El niño juega y la agresión puede ser placentera, pero es inevitable para el niño enfrentar el daño real o imaginario contra alguien. Elegir el juego para hacerlo es una forma de controlar su agresión y si lo hace, está expresando entre otras cosas la confianza que tiene en nosotros y en el ambiente que le proporcionamos.
El juego es algo sumamente productivo y sano, pues evita que el niño pase largas horas viendo televisión, jugando en la computadora o con los juegos de video, lo que no tienen muchas ventajas, en todo caso, comparadas con el juego libre que contribuye a enriquecer su creatividad y pensamiento.
Un juego saludable es aquel donde el niño pueda jugar libremente, donde no tenga límites para el movimiento, para la fantasía, para dar rienda suelta a su imaginación, para sentir y canalizar sus emociones y luego regresar a la realidad.
 En la diversidad de la experiencia está el desarrollo de las múltiples posibilidades creativas. Brindarles materiales y espacios que le permitan explorar y aprender, pero confiando en el juego natural. Pero a veces los adultos tendemos a buscar juguetes “educativos” y damos pocas oportunidades para seguir con la curiosidad y dejar que descubra por sí mismo, que improvise, dejando de lado la propia capacidad de aprendizaje permanente que se da en el juego libre.




Ÿ¿Por qué es tan importante para los niños jugar?  ¿De qué se trata el juego?



Al juego podemos pensarlo como un espacio de transición que hace el papel de mediador entre la fantasía y la realidad. Así, a través del juego los niños representan sus inquietudes, ideas, sentimientos y deseos.  Entonces, a través del juego el niño logra elaborar diferentes situaciones que ha  vivido de manera pasiva  -en la realidad-, y mediante el juego, logra vivirlas activamente.
Por ejemplo, si ha sufrido un reto por parte de un adulto, puede jugar que ahora es él quien reta a un muñeco, transformando así la pasividad en actividad. Así logra elaborar situaciones que vivió en la realidad y pudieron causarle enojo, tristeza, angustia.
El juego en la primera infancia, y en los niños que aún no han adquirido el lenguaje es un espejo de su mundo interior, y permite:

Divertirse.

Conocerse a sí mismo.

Conocer y explorar el mundo.

Expresar sentimientos.

Proyectar fantasías.

Elaborar conflictos.

Aprender a compartir.

Socializar.

Investigar.
Entonces a través del juego, se aprende:


El valor de las reglas y normas.

Relacionarse con los otros.

Ejercer nuevos roles.

Incentivar capacidades mentales.


Todos los especialistas coinciden en el valor psicopedagógico del juego en la infancia.
El juego posibilita un armonioso crecimiento del cuerpo, la inteligencia, la afectividad y la creatividad. La relación del juego con algunas de estas facetas lo convierten, primero, en un medio de socialización, expresión y comunicación, con el que el niño supera su egocentrismo, fija relaciones con sus iguales y aprende a aceptar puntos de vista distintos al propio.

Además, le ayuda a conocerse a sí mismo y a los demás, y establecer vínculos afectivos. Por otra parte, desarrolla las funciones psíquicas necesarias para aprendizajes como la percepción sensorial, el lenguaje, la memoria, etcétera, así como las funciones físicas (correr, saltar, equilibrio y coordinación...).

“El juego también estimula la superación personal a partir de la experimentación del éxito, base de la autoconfianza. También ayuda a interiorizar las normas y pautas de comportamiento social, ya que si los niños no respetan las normas de juego (que ellos mismos se dan), se sancionan. Y lo más importante, es la base de toda actividad creativa, ya que estimula la imaginación”


A continuación le dejamos el un video sobre el material correspondiente, que nos pareció muy interesante.




Alumnas:
Ailin Domínguez.
Eliana Dicundo.
Ludmila Badano.
Sol Selva